Las consecuencias de la nueva era, con una información más global y que está al alcance de todos, también se sienten en el mundo de las inversiones financieras y tienen impacto en la industria. Cada vez hay un mayor acceso y facilidad para invertir, también en productos de renta fija.
El ‘high yield’ nórdico ofrece descorrelación y rentabilidad adicional con fundamentos sólidos
Las consecuencias de la nueva era, con una información más global y que está al alcance de todos, también se sienten en el mundo de las inversiones financieras y tienen impacto en la industria. Cada vez hay un mayor acceso y facilidad para invertir, también en productos de renta fija.
Vivimos en el nuevo mundo de los datos, en el que la información se ha democratizado. De este modo, un mercado como el de la renta fija, que era casi puramente institucional, ahora está más al alcance de la mano. Un facilitador ha sido la aparición de los ETF de renta fija. Aunque en la actualidad apenas representen poco más del 2% del mercado global de renta fija, dado que se trata de un mercado menos líquido y con menor negociación diaria que el mercado de renta variable, su impacto es muy importante. Sobre todo, teniendo en cuenta que en los últimos dos años los ETF atrajeron cerca del 50% de las nuevas entradas netas en renta fija. ¡Imagine el impacto que esto puede tener en un mercado no tan líquido!
En 2022, la subida de los tipos de interés por parte de los bancos centrales (y las consecuentes caídas en el universo de renta fija) supuso una oportunidad única para obtener exposición a renta fija, siendo una inversión mucho más atractiva que otros activos de riesgo. Ese regalo duró cerca de tres años, ya que, con el viento soplando a favor de la renta fija, en un entorno de tipos a la baja y liquidez abundante, casi cualquier estrategia en bonos resultaba ganadora. Y fue coincidente con la comentada expansión de los ETF de renta fija.
Sin embargo, ese escenario de ganancias generalizadas ha terminado. Con la inflación menos controlada debido al conflicto en Irán, que ha interrumpido los flujos de petróleo en el estrecho de Ormuz, y con la volatilidad de los bancos centrales, el mercado se ha vuelto más exigente y fragmentado. Ya no basta con estar presente en el activo. Hoy, el éxito depende de una gestión activa y una selección minuciosa de emisores y duraciones para encontrar valor real.
Desde 2023, la estrategia más efectiva no ha sido la de apostar por la subida de los bonos, sino simplemente cobrar el cupón. El carry ha sido el motor principal de la rentabilidad. De este modo, los fondos que invierten en high yield, los que invierten en activos titulizados y los fondos de renta fija más flexible son los que mejor comportamiento han tenido. Después del estrechamiento de prácticamente todos los spreads, ahora toca ser más selectivos, y habría que mirar otros activos menos correlacionados con la marea generalizada. Es ahí donde nos gusta mirar hacia los fondos de renta fija nórdica y buscar descorrelación mediante los fondos de high yield nórdico.
En concreto, el norte de Europa es una región donde habitan 27 millones de personas en cinco países, lo que representa el 6% de la población de la UE, aunque por PIB representa el 10%. Albergan la sede de pioneros mundiales como Ikea, Lego, Novo Nordisk, H&M, Spotify o Equinor, entre otros.
Ocupan sistemáticamente los primeros puestos mundiales en transparencia, gobernanza y lucha contra la corrupción. Lideran los ránquines de competitividad. Son países política y socialmente estables. Son economías pequeñas orientadas a la exportación. Sus finanzas públicas son sólidas, con niveles medios de deuda pública muy bajos, de entre el 30% y el 40% del PIB. A nivel país, los principales Estados nórdicos mantienen la calificación crediticia AAA. Noruega alberga el mayor fondo soberano del mundo, valorado en aproximadamente 1,8 billones de dólares. Todo ello transmite una imagen de solidez en términos de estabilidad económica.
El high yield nórdico ofrece un extra de rentabilidad (100-200 puntos básicos adicionales) para vencimientos y perfiles de crédito similares en el mercado europeo. Es una forma de explotar la ineficiencia de las emisiones que no están denominadas en euros y la menor cobertura de analistas en compañías sin rating oficial, pero con un perfil crediticio sólido. El extra de rentabilidad proviene también de la debilidad de la divisa: las emisiones no denominadas en euros suelen ofrecer un diferencial adicional de 20-30 puntos básicos.
Estos bonos ofrecen menor volatilidad, gracias a la ausencia de índices pasivos que tienden a sobrerreaccionar de forma indiscriminada. Además, la mayor parte de estos bonos están en manos de instituciones locales con una mentalidad buy and hold. Ofrecen una menor duración sin comprometer rentabilidad: los vencimientos son relativamente cortos en las emisiones de estos países. El 80% del mercado son bonos flotantes, lo que reduce la sensibilidad a los tipos de interés y la volatilidad. Los impagos son similares a los de Europa, pero con tasas de recuperación superiores. Además, presentan un fuerte perfil ESG, ya que los países nórdicos son pioneros en materia de responsabilidad social.
Para finalizar, no hay que obviar que se trata de una región con un mayor riesgo de liquidez. Es el talón de Aquiles de este mercado. Al ser un mercado dominado por inversores buy and hold y sin apenas presencia de ETF o índices pasivos, en momentos de pánico financiero la liquidez puede evaporarse. Salir de una posición rápidamente puede resultar muy caro en términos de spread.
También hay que tener en cuenta la ausencia de rating oficial. Muchas empresas no están calificadas por agencias internacionales (S&P, Moody’s). Esto genera una asimetría de información. Aunque esta circunstancia crea la ineficiencia que se busca explotar, también exige un análisis de crédito propio mucho más profundo, algo que hace aún más relevante la buena gestión de gestores experimentados en fondos de renta fija nórdica.
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