Durante los años de mayor tensión inflacionista entre 2022 y 2024, el debate del origen de la inflación fue muy intenso, y sugerente. Los análisis y la información con los datos en la mano demostraban que, para el caso de España, y de Europa, el repunte intenso de la inflación fue consecuencia de la subida de los precios de las importaciones, y en concreto de los precios energéticos y derivados cercanos, como fue el caso de los fertilizantes. Sin embargo, es obvio que no toda inflación se explicaba entonces, ni siquiera hoy, por un choque exterior, por mucho que este resulte determinante. En un cierto porcentaje, la subida de los precios responde también a las ondas expansivas determinadas por cómo se reparten las cargas dentro de las fronteras nacionales y por cómo reaccionan los márgenes empresariales en el mercado doméstico. Pueden ser debidos también al choque externo, pero su magnitud e idiosincrasia responden a factores internos.
El repunte de la inflación no obedece solo al encarecimiento de las importaciones sino al reparto doméstico de las cargas
Durante los años de mayor tensión inflacionista entre 2022 y 2024, el debate del origen de la inflación fue muy intenso, y sugerente. Los análisis y la información con los datos en la mano demostraban que, para el caso de España, y de Europa, el repunte intenso de la inflación fue consecuencia de la subida de los precios de las importaciones, y en concreto de los precios energéticos y derivados cercanos, como fue el caso de los fertilizantes. Sin embargo, es obvio que no toda inflación se explicaba entonces, ni siquiera hoy, por un choque exterior, por mucho que este resulte determinante. En un cierto porcentaje, la subida de los precios responde también a las ondas expansivas determinadas por cómo se reparten las cargas dentro de las fronteras nacionales y por cómo reaccionan los márgenes empresariales en el mercado doméstico. Pueden ser debidos también al choque externo, pero su magnitud e idiosincrasia responden a factores internos.
Así, el repunte de los precios en España estuvo correlacionado entonces, y lo estará ahora, con una ampliación de los márgenes en ramas muy específicas de la actividad. Sin duda, el caso más llamativo y con diferencia el más determinante en términos de impacto macroeconómico se encuentra en el refino de petróleo. Los márgenes de este segmento subieron rápidamente cuando la energía se encareció, mientras que los precios finales al consumidor tardaron en bajar con una parsimonia lentitud.
Sobre esta cuestión de precios y márgenes sectoriales, esta semana se ha presentado un informe a cargo del gabinete económico de CCOO realizado a partir de los datos del Observatorio de Márgenes Empresariales. La pregunta obvia que se hace el informe es qué papel han podido jugar los márgenes de este sector en la evolución de los precios en estos meses, así como la evolución de estos y las consecuencias sobre el reparto de las rentas generadas por la actividad productiva.
Resumiendo mucho, en términos generales, lo que sabemos es que el excedente bruto de explotación en España alcanzó un máximo histórico de 96.962 millones de euros en el segundo trimestre de este año. De su aumento, la rama que destaca entre las demás y con diferencia es la energía. El conjunto de este sector elevó su margen medio al 24,5%, duplicando el 11% que anotaba en el bienio previo a la pandemia. Más aún, en el epicentro del aumento está el refino de petróleo, cuyo margen bruto escaló hasta el 28,4%. Según los cálculos del informe, esa subida explica, por sí sola, el 31% del incremento de los precios de venta en España. Una sola rama de actividad concentró, así, casi un tercio de la presión inflacionista doméstica.

Cuando las empresas de este sector multiplican sus resultados apoyándose en el encarecimiento de un insumo intermedio, el resultado para las demás empresas es un drenaje de liquidez y en cierto modo una transferencia de rentas hacia las primeras. El combustible es un coste ineludible para el transporte, la agricultura, la cadena alimentaria o la hostelería. Si estos sectores no logran trasladar el golpe íntegro a los precios finales por temor a perder clientes, absorben el impacto con menores márgenes. Así, un shock energético como el actual y el de 2022 se concreta finalmente en un reparto asimétrico sectorial de las rentas.
La gran pregunta es por qué, a diferencia de lo que ocurre en casi cualquier otro negocio, donde el encarecimiento de la materia prima comprime las ganancias y márgenes para no perder clientes, las refinerías elevan los suyos cuando el petróleo sube. La respuesta está en que una cosa es el crudo sin procesar que sale de la tierra y otra muy distinta la gasolina o el diésel que echamos al depósito. Tras la pandemia y los shocks geopolíticos, el cierre masivo de plantas dejó fuera de servicio entre 11 y 12 millones de barriles diarios de capacidad global, obligando a las refinerías europeas a trabajar al límite de su capacidad (entre el 95% y el 96%). En un mercado donde el transporte no puede detenerse y el combustible refinado escasea, el precio en el surtidor sube mucho más rápido que el de la propia materia prima. Esta escasez permite a la industria cobrar un «peaje» por transformar cada barril (el llamado crack spread 3:2:1; la métrica que mide la ganancia de convertir tres barriles de crudo en dos de gasolina y uno de diésel) y que saltó de sus niveles habituales de entre 10 y 20 dólares por barril a un pico histórico de 72,22 dólares en 2026.
A esa rigidez de la oferta se suma la asimetría temporal en la traslación de precios, conocida en la literatura económica como el efecto de cohetes y plumas formulado inicialmente por Robert Bacon en 1991. Los carburantes suben de precio en el surtidor en un intervalo de 24 a 72 horas cuando el crudo repunta, pero tardan entre una y tres semanas en reflejar los descensos de las cotizaciones internacionales. En España este comportamiento es en parte consecuencia de una elevada concentración minorista y por ello de fallos del mercado.
Existe además un tercer factor contable. Al calcular los beneficios vendiendo a precios de mercado actuales carburantes procesados con crudo adquirido semanas atrás a precios sensiblemente más bajos, las compañías anotaron meros beneficios de reposición. No cabe duda de que estas ganancias contables se evaporan cuando el ciclo se invierte, pero su efecto inmediato fue drenar liquidez del bolsillo de los conductores transfiriendo esos recursos a los balances de las petroleras en plena escalada inflacionista.
El correlato distributivo también es relevante, no solo entre sectores sino también entre factores. Mientras la participación de los salarios en el VAB nacional a precios corrientes se ha quedado estancada en el 47,6%, la productividad nominal avanzó un 44% y el margen bruto por asalariado creció algo más, un 55%. La razón simplemente es que la remuneración media de los trabajadores apenas subió un 33%. Esa diferencia de 22 puntos porcentuales revela que las ganancias generadas por la actividad productiva fueron captadas prioritariamente por el excedente del capital y en concreto en muy pocos sectores de la economía, principalmente los mencionados.
Dicho esto, ¿Qué herramientas le quedan a la política económica para intervenir? Son varias, pero podemos destacar las siguientes. En primer lugar, se debe mantener una vigilancia constante sobre la señalización de precios. Además, conviene reducir las trabas administrativas y urbanísticas que todavía frenan la expansión de las gasolineras independientes, cuya competencia presiona los precios a la baja allí donde logran instalarse. Finalmente, el acceso de terceros a la red logística de almacenamiento y transporte para evitar que la infraestructura funcione como una barrera de entrada informal.
Si los precios ascienden como cohetes ante cada perturbación y caen como plumas cuando las aguas se calman, la intervención pública debe corregir esa asimetría de raíz. Tratar la inflación como un evento importado puede explicar un porcentaje alto de la realidad, pero no debemos obviar las decisiones internas de fijación de precios que determinan quién asume el coste y quién se queda con el margen.
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