La doctora le dijo que su leucemia había desaparecido y Bill Ludwig quiso asegurarse, preguntando a las enfermeras del hospital estadounidense en el que estaba, que no había sido una alucinación. Había llegado al ensayo clínico de una nueva terapia con un cáncer que no había respondido al tratamiento y ya no había rastro de la enfermedad en el cuerpo. Ludwig fue, en 2010, el primer paciente tratado con CAR-T, un tipo de terapia celular en la que se modifican genéticamente los glóbulos blancos y se reintroducen en el cuerpo para combatir las células tumorales.
EL PAÍS y Bristol Myers Squibb organizan un encuentro con expertos para debatir sobre las alternativas médicas y los nuevos tratamientos para enfrentarse a este cáncer
La doctora le dijo que su leucemia había desaparecido y Bill Ludwig quiso asegurarse, preguntando a las enfermeras del hospital estadounidense en el que estaba, que no había sido una alucinación. Había llegado al ensayo clínico de una nueva terapia con un cáncer que no había respondido al tratamiento y ya no había rastro de la enfermedad en el cuerpo. Ludwig fue, en 2010, el primer paciente tratado con CAR-T, un tipo de terapia celular en la que se modifican genéticamente los glóbulos blancos y se reintroducen en el cuerpo para combatir las células tumorales.
Un tratamiento que hace 10 años podía parecer ciencia ficción es hoy una realidad al alcance de los profesionales de la salud que tratan cánceres hematológicos como la leucemia, el mieloma o el linfoma, el más frecuente. “Los CAR-T son el paradigma de lo que es una terapia personalizada”, dijo Carlos Chaib, director médico de Bristol Myers Squibb, en un encuentro organizado por EL PAÍS y la farmacéutica para conversar sobre el abordaje de esta dolencia.
Se prevé que a lo largo de 2026 se diagnostiquen alrededor de 13.000 nuevos casos de linfoma, 26 cada 100.000 habitantes, según Alejandro Martín, hematólogo del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca. Entre los más de 60 tipos que existen, el difuso de células grandes B y el folicular son los más habituales. “El linfoma difuso de células grandes entra dentro de lo que llamamos linfomas agresivos, que desde que se forma el linfoma siempre tiene tendencia a crecer de forma rápida, con lo cual necesitamos diagnosticarlo y tratarlo de forma rápida”, explicó Martín. “El folicular es un linfoma que llamamos indolente, porque tiene un crecimiento mucho más lento. Y de hecho, no siempre necesitamos tratarlo”, añadió. Se desconocen las causas concretas de esta enfermedad; existen factores de riesgo, como inmunodeficiencias o ciertas infecciones, y su síntoma más frecuente es el agrandamiento de los ganglios linfáticos, como los del cuello, ingles o axilas. “Y sobre todo que persistan en el tiempo o aumenten progresivamente”, apuntó el doctor.
Actualmente, un tratamiento con tecnología CAR-T es un proceso individualizado que comienza con la extracción de los linfocitos del paciente en una sesión que puede durar entre tres y cuatro horas. “Tras este primer paso, pasarán entre tres y cinco semanas, aproximadamente, de manufactura del producto”, aseguró Gloria Iacoboni, hematóloga del Hospital Universitario Vall d’Hebron. Antes de la única infusión con el material alterado capaz de reconocer un marcador específico en la superficie de la célula tumoral y destruirlo, la persona recibe quimioterapia preparatoria.
Este tratamiento entra en juego principalmente cuando las primeras líneas de defensa fracasan o hay recaídas. “Por fortuna, desde hace algunos años disponemos de opciones de inmunoterapia que han revolucionado el pronóstico de pacientes que no habían respondido de manera duradera a esta quimioterapia inicial”, comentó la doctora del Vall d’Hebron. La posibilidad de superar un linfoma difuso de células grandes con quimioterapia y su combinación con otros medicamentos está en torno a un 60% y 70%. “Hay un porcentaje entre el 30% y el 40% de los pacientes que precisarán otras opciones terapéuticas tras esa primera línea. Y ahí es donde entra en juego ahora la terapia CAR-T”, apuntó la doctora, que resaltó también la necesidad de un seguimiento posterior y de una nueva biopsia en caso de recaída, ya que los tumores pueden mutar.
“La mayor parte de los pacientes necesitan el ingreso, porque evidentemente es una terapia que tiene su complejidad, que requiere una infraestructura adecuada, unos profesionales que conozcan y sepan manejar bien no solo la preparación y eventual infusión de la terapia, sino luego, obviamente, el seguimiento”, dijo. Sin embargo, añadió, aunque aún se está en una fase inicial, ya se trabaja en acortar los tiempos de hospitalización necesaria, lo que impactaría en la vida del paciente: “Es decir, [en] tratar de convertir este tipo de tratamientos en una terapia relativamente ambulatoria”.
Esta tecnología es revolucionaria. Y cara. El Estado puede llegar a pagar cientos de miles de euros por una de estas terapias comerciales, aunque las desarrolladas en el sistema público de salud tienen un precio hasta tres veces inferior. Entre 2019 y 2025, de acuerdo con un informe del Ministerio de Sanidad, se recibieron más de 2.700 solicitudes y el año pasado había 40 centros que podían administrarla. En ocasiones, para poder optar a este tratamiento, es necesario desplazarse y permanecer cierto tiempo en otro territorio, lo que conlleva cierta carga económica. “Hay muchos que se quedan en el camino y creo que sería justo una equidad en ese sentido”, defendió Marcos Martínez, gerente de la Asociación Española de Afectados por Linfoma, Mieloma y Leucemia (AEAL), que cuenta con un programa de apoyo asistencial y logística. Los pacientes pueden acceder al tratamiento si se aprueba, pero, apuntó, no todos parten de las mismas condiciones.
Las terapias CAR-T siguen evolucionando. Chaib resaltó que ya se trabaja en la identificación de nuevos receptores en las células tumorales para redirigir de una manera diferente las CAR-T hacia donde tengan que actuar. También en el desarrollo de las CAR-T alogénicas a partir de células de donantes y listas para usar: “Con lo cual estaríamos reduciendo de manera muy drástica ese periodo de tiempo [de manufactura]”, apuntó. La investigación apunta, asimismo, hacia procesos in vivo —modificando los linfocitos dentro del cuerpo—, y a constructos que reconozcan dos o más dianas simultáneamente. Martín apuntó a la necesidad de seguir apostando por la innovación de los ensayos clínicos, un aspecto en el que España, añadió, está en una buena situación. Iacoboni aseguró que los esfuerzos se encaminan a conseguir un mejor porcentaje de curación, a elevar la eficacia, reducir el perfil de toxicidad y mejorar la calidad de vida optimizando la gestión del ingreso hospitalario.
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