Las últimas previsiones económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) no traen buenas noticias en materia de inflación para Donald Trump, que, a menos de un mes de las elecciones de medio término, arrastra sus peores números de popularidad, principalmente por su manejo de la economía. El organismo publica sus previsiones globales actualizadas en un contexto dominado por los impactos de la geopolítica —particularmente en el sector energético a raíz de los conflictos en Medio Oriente y Ucrania— y la inteligencia artificial. Y su visión es particularmente preocupante en cuanto a la inflación, que sigue por encima del objetivo y tardará en volver a él.
El organismo proyecta que el petróleo seguirá más caro que antes de la guerra en Oriente Medio y advierte de que el crecimiento estadounidense se apoya en la IA, cuya reevaluación a la baja supone un riesgo considerable
Las últimas previsiones económicas del Fondo Monetario Internacional (FMI) no traen buenas noticias en materia de inflación para Donald Trump, que, a menos de un mes de las elecciones de medio término, arrastra sus peores números de popularidad, principalmente por su manejo de la economía. El organismo publica sus previsiones globales actualizadas en un contexto dominado por los impactos de la geopolítica —particularmente en el sector energético a raíz de los conflictos en Medio Oriente y Ucrania— y la inteligencia artificial. Y su visión es particularmente preocupante en cuanto a la inflación, que sigue por encima del objetivo y tardará en volver a él.
De acuerdo al FMI, la inflación general del país subirá al 3,6% este año (dos décimas más que en su previsión de abril) y bajará al 2,8% en 2027. El organismo proyecta además que la inflación subyacente en Estados Unidos no volverá al objetivo del 2% hasta mediados de 2028.
La diferencia entre ambas medidas es que la subyacente busca filtrar los movimientos más volátiles —generalmente el precio de los alimentos y los combustibles— y es la que miran los bancos centrales para medir tendencias de fondo de los precios, mientras que la general recoge toda la cesta. El FMI señala que su proyección de un regreso al objetivo del 2% en la subyacente será gradual y coincidirá en EE. UU. y la eurozona.
El salto inflacionario de 2026 responde en buena parte a la energía, afectada por los altos precios del crudo producto de la guerra en Oriente Medio y, más recientemente, por el recrudecimiento de los ataques y enfrentamientos entre los hutíes y Arabia Saudí, en particular en la infraestructura petrolera. El Fondo asume un petróleo a 95,74 dólares el barril de media este año, frente a 67,74 en 2025, y atribuye el repunte de la inflación mundial, del 4,1% al 4,7%, sobre todo a energía y alimentos. Pero también añade otro factor: el auge de la inversión en IA, que presiona la demanda de bienes de capital, construcción, energía y mano de obra cualificada. Los efectos sobre la subyacente son limitados por ahora, matiza, pero advierte que podrían extenderse en economías que operan cerca de su capacidad.
El escenario base del Fondo limita este impacto y supone que la reapertura del estrecho de Ormuz se produciría en marzo de 2027 y que las condiciones previas a la guerra se restablecerán en lo esencial hacia octubre de ese año. Pero los peores escenarios, donde el petróleo siga en precios altos durante más tiempo, entre otros factores, producen predicciones más sombrías.
Según las simulaciones del Fondo, la probabilidad de que la inflación general estadounidense supere el 4% en 2027 ronda el 30%, frente al 20% de abril. La de que el crecimiento caiga por debajo del 1% ese año, una recesión suave desde el cuarto trimestre de 2026, es también de alrededor del 30%, considerable, pero aún menor que el 35% de la previsión anterior. Estos valores son probabilidades de un modelo, no pronósticos.
En cuanto a los tipos de interés, el FMI pide a los bancos centrales reaccionar si la inflación se contagia a las expectativas o a los salarios, y admite que un debilitamiento notable del crecimiento podría abrir la puerta a recortes graduales.
Pese a la presión inflacionaria y sus efectos en los tipos, el Fondo proyecta que la economía estadounidense crezca un 2,3% en 2026 y en 2027. La cifra de este año se mantiene respecto a abril y la de 2027 se revisa al alza en 0,2 puntos. En el segundo trimestre, el PIB de Estados Unidos avanzó a un ritmo anualizado del 2,2%, por debajo del 2,5% del primero. El FMI atribuye la fortaleza principalmente al consumo privado, la política fiscal y la inversión tecnológica.
Por otro lado, aunque sí afecta a la inflación, la guerra en Oriente Medio apenas toca a EE. UU. de forma directa en cuanto a su producción, pues el país es exportador neto de energía. A escala global, el contraste es claro: las economías de Oriente Medio y Asia Central se contraerían un 0,3% en 2026.
La IA es el otro pilar que sostiene el PIB estadounidense. El FMI la describe como una fuerza que compensa los vientos en contra geopolíticos y subraya que su impulso está concentrado: EE. UU. y China acaparan más del 75% de las importaciones netas de hardware de IA en 2025 y el 57% de los centros de datos construidos desde 2024. No obstante, es cauto sobre su efecto en la productividad: los datos agregados muestran poco impacto medible, aunque las revisiones a la baja del empleo estadounidense junto a un PIB sólido podrían ser un indicio temprano de un impulso de la IA. Su escenario base asume que el ciclo tecnológico se modera y no incluye un salto de productividad.
En el escenario de corrección de mercado que simula el FMI, las acciones estadounidenses caen un 20% en 2026, el consumo se contrae con fuerza y el PIB de EE. UU. queda un 1,8% por debajo del escenario base en 2028. En otro, en el que los proveedores asiáticos no logran satisfacer la demanda, la inflación estadounidense sube 0,4 puntos hacia 2028 y los tipos de interés unos 0,7 puntos porcentuales. En el favorable, el PIB sería un 0,4% mayor en 2027 y un 1,3% en 2031. De nuevo, vale recalcar que estas son simulaciones de diferentes escenarios, no previsiones.
En conjunto, el FMI describe una economía mundial con un panorama dividido y vulnerable a contratiempos en dos direcciones: una guerra en Oriente Medio prolongada que exacerbaría la presión inflacionaria y un giro brusco en las expectativas sobre la IA que podría frenar el impulso tecnológico. Para EE. UU., eso se traduce en un crecimiento estable apoyado en la tecnología y una inflación que tarda en asentarse. Pero todo sobre unos cimientos intrísicamente volátiles.
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